Existen tres tipos de grasas que se clasifican según su estructura molecular. Las grasas saturadas no tienen dobles enlaces entre átomos de carbono, lo que las hace las más estables. Por su parte, las grasas monoinsaturadas tienen un doble enlace, lo que las hace menos estables, mientras que las grasas poliinsaturadas, también conocidas como PUFAS, tienen más de un doble enlace, lo que las hace las menos estables.
Las PUFAS se encuentran en aceites vegetales como el de canola, girasol, semilla de algodón, uva, maíz, y también en aceites de pescado en forma de suplementos, aceite de linaza, HEMP, margarina, nueces, especialmente almendras en sus diferentes presentaciones (leche de almendra, harina de almendra, crema de almendra, etc.).
Durante la última década ha sido tendencia satanizar la grasa animal en nuestra alimentación, lo que nos ha llevado a consumir en exceso grasas que se oxidan rápidamente al estar expuestas a la luz y al oxígeno, creando estrés oxidativo y radicales libres que, en exceso, pueden llevar a enfermedades.
El cuerpo tiende a almacenar más fácilmente las grasas poliinsaturadas (PUFAS) que las grasas saturadas provenientes de animales o aceite de coco. Por ello, se recomienda consumir alimentos ancestrales que contengan grasas saturadas estables y que han sido consumidos por muchas generaciones.
Es importante evitar el consumo excesivo de nueces y utilizarlas ocasionalmente. A largo plazo, esto beneficiará la función celular, la salud hormonal y el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo, una máquina tan perfecta como compleja.